El hateo es más una acción concreta que una posición estable frente al todo de una red social. Más fácil: nadie escribe “soy hater” en su perfil de Instagram. Entonces, la pregunta de quiénes son los haters, lejos de ser retórica, tiene cierto espesor argumental. Yo hateo, vos hateás, él hatea, pero parece que los haters no existen. Por hater nos referimos estrictamente a un sentido arquetípico y estructural que cobra sentido específicamente en redes sociales. Todos podemos ser haters, pero difícilmente nos reconoceríamos como tales.
Las dos principales maneras de regular el hateo en redes sociales son: La que domina en Occidente, donde las plataformas son las que mayoritariamente deciden sobre la interacción de sus usuarios; y el enfoque chino, que parte de una estricta regulación instrumentada desde el Estado.
Si retomamos la imagen de la sociedad como cuerpo, podemos fácilmente concluir que los ejemplos de hateo en China tienen el común denominador del odio dirigido hacia el exterior del cuerpo social. El odio que domina las redes sociales chinas es el odio al otro. Una población racial y culturalmente homogénea y una política que centraliza en manos del Estado la censura en redes sociales, parecen la receta perfecta para que el odio no corroa el corpus social desde adentro, sino que al contrario, lo fortalezca ante la amenaza exterior. Llevada al campo de la comedia, Les Luthiers parodiaba esta posición en su Sketch “La comisión”, donde un partido político en decadencia, le encarga a un músico de poca monta la composición del himno nacional. “Necesitamos un país enemigo al que el pueblo sobre todo pueda odiar, un país enemigo que enardezca el patriotismo de las multitudes y llegado el caso, si algo sale mal, alguien de afuera para echarle la culpa, ¿me entiende?”.
La fórmula contraria la encontramos en Occidente: el hateo al prójimo. Democracias cada vez más partidas a la mitad, descendiendo hacia su propia decadencia en cada oscilación de izquierda a derecha. El ejemplo paradigmático aquí es de 2019, cuando Sprite lanzó un spot publicitario titulado “Facing the hater”. Allí, un grupo de 100 personas hateadas, se encuentran cara a cara con su hater. Por supuesto, la desproporción 1 - 100 resulta visualmente impactante, y uno llega a temer por la integridad física del hater. Si bien el final se hace esperar para mantener la tensión, llega al son de all you need is love y abrazos compartidos entre hater y hateados. Por supuesto que es válido enfrentar al odio con amor, pero ¿qué tanto pueden sobrevivir nuestras sociedades, si las redes sociales que alimentan su sentido común y que suponen su nueva plaza pública, su nueva ágora, sus nuevos medios de comunicación, no censuran de manera efectiva el odio corrosivo?
Para finalizar, queremos retomar la preocupación de Jensen Huang, CEO de NVIDIA, cuando afirma que el 80% del público en China cree que la inteligencia artificial supondrá un beneficio para sus vidas, mientras que en Occidente el 80% del público cree que supondrá un daño para sus vidas. El hateo friendly de Occidente y la curaduría de redes china tienen cada una su efecto sobre las redes.
Desde nuestro lugar creemos que, pensar cómo funcionan las redes sociales y qué arquetipos circulan por ellas, puede ayudarnos a mejorar la calidad de nuestra plaza pública digital. Es por ello que en nuestro próximo texto abordaremos al arquetipo que suele salir a pescar haters: el troll.